Naturaleza desnuda | Marcela García

12 de mayo - 14 de junio, 2011

Música de la soledad | Por Rafael Argullol.

Cuando vi por primera vez las fotografías de Marcela García inmediatamente recordé los cuadros de Gaspar David Friedrich. Luego pensé que las razones de tal reminiscencia eran complejas: no es solamente el modo parecido de tratar la naturaleza crepúscula y majestuosa, ni el gusto común por la inquietante experiencia de lo sublime; era sobre todo la construcción de un vuelo onírico que todo lo transfigura. Como Friedrich ya lo hizo en su pintura, así también Marcela García recorre en la fotografía una expresión paralela que estimula al espectador a la “contemplación” a una visión del paisaje mediante del mitoy del sueño.

Posteriormente, esta impresión se confirma cuando junto a aquellas prodigiosas imágenes andinas que observé al inicio, aparecieron las fotografías de un viaje de Marcela en Patagonia, las cuales no hicieron otra cosa que ampliar esta impresión de paralelismo. Ninguna imagen es tan cercana a la gélida escena capturada por Marcela como el maravilloso Mar del Hielo de Friedrich. Una intensidad inmediata, una épica cuya fuerza no esconde la sutil vitalidad lírica.

Este equilibrio entre lo épico y lo lírico explica, a mi parecer, la singular personalidad de la obra de Marcela García y constituye la coherencia casi sinfónica de sus fotos en secuencia. En este caso, no creo que sea infundado hablar de música, aunque se trate de fotografía. Me atrevería a decir que en la obra de Marcela, el elemento musical invade cada cosa. O, al menos así me llega.

Hay un primer impacto tanto en el trabajo de Ecuador como en el de Patagonia que está determinado por su forma específica de mirar: montañas azuladas, míticas y contorneadas, perfiles con destellos de luces; rugosidad en la cual el paisaje se convierte en la piel del mundo; valles etéreos que pueden ser al mismo tiempo fin y principio de la creación… visiones extraordinarias cautivadoras que en cada una de sus variaciones conducen al silencio.

Pero la magia de la fotografía de Marcela García reside en el hecho de que el silencio genera música: al inicio, una música íntima, un solo de violín o un aria suave que después, cuando el espectador se enfrenta al conjunto de las imágenes, se transforma en una vigorosa sinfonía de ritmo galopante que atraviesa las cicatrices de la Tierra. Para mí, la fuerza de estas visiones reside en su musicalidad, así como cada aventura a través del silencio se materializa libremente en el interior, termina por construir una música nueva.

 

Fotos exposición