Tronchas de Narnia | Wilson Paccha

15 de noviembre - 20 de diciembre, 2012

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Sobre la muestra | Wilson Paccha (Quito, 1972)

Estudia en la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador y con los reconocidos críticos Lupe Álvarez y Kevin Power. Gana en 1999 el Primer Premio Fundación El Comercio y en 2004 el Primer Premio del Salón de Julio, entre muchos reconocimientos. Ha participado en más de 16 exposiciones colectivas tanto en Ecuador como en Perú, Colombia, Alemania, Finlandia, Holanda y Taiwán, así como realizado 7 muestras individuales, las últimas en FLACSO, Quito (2007) y el MAAC, Guayaquil (2008) con "Piel de navaja".

Regresan los pincelazos delirantes y estridentes del mayor representante de la dinastía post incásica: Wilson Paccha, alias "Diamante Rojo",  gladiador del Comité del Pueblo que manifiesta su amor a puños. Su puesta en escena en este circo romano moderno embiste desde ese humorismo insobornable que sublima lo bizarro, kitsch y marginal, pero ahora apunta su artillería cromática volcada al detalle milimétrico donde el ojo pierde su lotería y solo podemos dejarnos subyugar por sus obsequios visuales que son un infalible chorreo de iluminaciones: el lado perverso del éxtasis, el morbo límpido para darles un toquecito a esas salvajes -Tronchas de Narnia- Chicas Feisbuk, las vacas alienígenas que campean con un árbol de cristal en sus cráneos, un batiduende andino llamado Cacho-loko que mira desde la obnubilación de sus tres ojos una piedra levitadora y sabe que la realidad es otra cerda, el corazoncito triste y colorinche en una ruleta para aprender a perder. Sólo Wilson puede poner alas a una refrigeradora oxidada que se titula Cachirula VIP y la eleva con epítetos insólitos para el resto de mortales: cuerpo de electrodoméstico, vieja mal reventada, año viejo sin camareta, gárgola de iglesia pobre, fundadora de la 18, cromo mal pegado, átomo con minielefantiasis, además hay personajes en una tina al límite del sifón (Atlántida), pequeñas muertes consuetudinarias donde se nos cae el polvillo de la piel hasta acumular nuestra desintegración puesto que no somos sino una masa de recuerdos inútiles para el goce de microbios apocalípticos.

Andrés Villalba Becdach, 2012

 

Fotos exposición