subterráneo  | álvaro pazmiño.

21 de julio -  , 2016

Sobre la muestra
 

 

Álvaro Pazmiño no viene de la academia, se podría decir que es autodidacta y sobre todo que ha sabido recoger todos los indicios posibles sobre la forma y el sentido de la pintura de manera amplia e inteligente. Ninguna pista hallada en la calle o en los libros que con esfuerzo y exigencia reúne, se le ha escapado de las manos. Por el contrario, cada una de ellas le ha llevado a indagar cada vez más profundamente de dónde viene la necesidad de crear, de pintar; quiénes son los que construyen la historia próxima y lejana, ésa que se hace con la cabeza y con las manos; qué define el pasado y el presente de la pintura.

Cuando lo conocí en 2012, era apenas un chaval que se jugaba la vida entre un Quito subterráneo y las luces del tercer piso de su pequeña casa-taller. Se arriesgaba a buscar un espacio para poder mirar de cerca y de frente aquello que le quitaba el sueño. Al poco de nuestro primer encuentro, se revelaron los negativos de los rollos de su alma, o de su espíritu, o de su mente. De allí salían todos sus referentes e imágenes - ya ricos y complejos- que hacían bailar a Picasso con Basquiat, a Rembrandt con Tapies, a Velázquez con De Kooning,  y también a Lady Gaga con Teresa Margolles o con Berlinde de Bruyckere.

Mideros, Guayasamín, Tábara, Viteri, Velarde, Pacha, tomaban también partida en una danza medio ancestral y medio contemporánea que quería incluirlo todo y no dejar ni un trozo de tiempo, de lienzo, de retazo fuera. Sus obras ya eran collages de trozos de memoria y de deseos, de añoranzas y ansiedades, de búsquedas y hallazgos a veces mínimos y otros enormes, abyectos y bellos; sus imágenes ya traslapaban fragmentos sacados de arrabales, al tiempo que de sofisticadas pantallas. Ya bebían borrachas de tanta historia, y de tanta historieta peregrina repetida hasta el cansancio  en los canales televisivos de la tarde.

En estos cuatro años, aparecieron otros amores con otros desenfados: Rauschenberg, Soulages, Genie y flirteos a distancia con otros propios y ajenos, pero sobre todo sus obras han ido tomando el cuerpo que tenían que tomar y el tiempo para madurar. Han sabido escuchar su propio silencio y a la paciencia que procura digerir la vorágine de los sueños, de los viajes a los paraísos y a los infiernos. Han podido también no contenerse en su necesidad de ser y aparecer en el mundo de las cosas y de interpelar en el espacio de las ideas.

Subterráneo recoge obras desde 2012, pero selecciona sólo aquello que se debe ver o experimentar. Es decir que celosamente guarda sus raíces bajo la tierra. 

 

Fotos exposición