Le vide vidé de son vide | Doina vieru

1 de marzo, 2018

 

sObre la muestra                                                                   
 

La obra de Doina Vieru sacude. No es posible quedar impasible frente a ella.
“Le vide vidé de son vide”, viene de un poema de Ghérasim Luca, de su obra Heros-Limite. En realidad termina el verso con “le vide vidé de son vide ces’t le plein”, una vida que se completa, que se llena a partir del vacío.

Más que una exploración del espacio donde el gesto y el trazo cobran la fuerza de una tempestad casi secreta como la del poeta Gangotena, esta obra de Doina Vieru recoge el viento entre los dedos, con ambas manos y se deja acariciar por él.

Han quedado sobre sus papeles las huellas de una intensidad que no se traduce esencialmente en color ni en la agudeza de una línea controlada. Son el blanco y el negro que, sobre diversos formatos y soportes y con trazos rápidos y desiguales, cobran las frecuencias más altas de una sensibilidad que vibra con el susurro de la vida.

Qué difícil traducir en palabras estas imágenes que son experiencias de desbordamiento en la contención racional de una mirada que, frente al caos, no se deja perturbar. Y que hurgando en la materia, ensuciando sus manos, sale más limpia y plena.

“Je te flore, tu me faune”, qué difícil traducir lo que la poesía busca no decir precisamente, cuando evade las palabras para hablar con los silencios entre ellas; cuando a lo que no tiene nombre, se le interpela. Cuando “yo te enfloro y tú me “enfaunas”, cuando los cuerpos arrebatan el deseo perpetuo.

En esta muestra que es una experiencia, la figura y el color apenas aparecen, y la palabra se escribe como caligrafía bella y muda entre los espacios más íntimos, entre las piernas y resquicios de un ave-mujer que habla al cielo para que le devuelva en blancos y negros, su transparencia.

Pintar es un ritual sin importar si acude enmascarado a una fiesta o se deja derramar como ceniza sobre el agua o sobre la hierba. Y cuando no es ritual, es mera cosa, con pena y sin gloria, aunque los textos abunden para explicar de lo que carece.

Al expresionismo de Doina Vieru no hay que leerlo, sino experimentarlo, vivirlo en consonancia con los sonidos y silencios propios de la pintura, con las armonías y estridencias del alma, entre el blanco y el negro de la vida misma.

 (I.V. 2018)

 

Fotos exposición